Una de mis grandes pasiones es sin duda la gastronomía. Una de las cosas que más me gusta cuando voy a un restaurante por primera vez es dejarme aconsejar, porque quiero probar cuáles son sus mejores platos o los que ellos creen que lo son. Y me encuentro con dos escenarios posibles. O bien el camarero que lo tiene clarísimo y me dice claramente las mejores opciones o bien el que no se moja y responde aquello tan típico de que todo está muy bueno.

Esta situación pasa muchas veces en nuestros trabajos. Cuando necesitamos que alguien nos aporte una solución a nuestros problemas y no lo contrario. De hecho nosotros como cliente le estamos planteando un problema al camarero, nuestro proveedor, y lo que no puede hacer él es volvernos a trasladar este problema. Este ejemplo tan sencillo pasa demasiadas veces en nuestro mundo laboral: debemos mojarnos. Ser valientes. Intervenir. Para ello nos contratan o nos piden consejo.

Lo que no podemos hacer es dar respuestas ambiguas, diplomáticas. Pero para ello debemos tener muy claras cuáles son nuestras líneas de trabajo. Igual que un restaurante debe saber cuáles son sus mejores platos y sobre todo cómo venderlos. Si el camarero le pone pasión a la hora de contar lo buenas que están las especialidades de la casa y todo el cariño que se le pone a la hora de cocinarlo, seguro que ya tiene la mitad del trabajo logrado.

En nuestra empresa lo mismo. Debemos tener muy claros cuáles son nuestros puntos fuertes, nuestras especialidades, e ir a muerte con ellas. Y si nos equivocamos, que a veces puede pasar, al menos tener la consciencia tranquila de que lo hemos hecho sin traicionarnos. Otra cosa es que después podamos analizar qué ha pasado y valorar si son acertados nuestros platos o nuestras especialidades.

Claro que podemos tener alternativas porque no todos los clientes son iguales. Si te gusta la carne tenemos el mejor filete de ternera pero si eres más de pescado no dejes de probar nuestro besugo a la plancha. Pero ya nos habremos mojado. Ya le habremos dado una solución o un par de alternativas a aquel problema que nos ha presentado nuestro cliente.

Evita a las personas negativas. Siempre tienen un problema para una solución.