Los medios de comunicación son como la energía. No se destruyen, se transforman. O mejor dicho, deberían transformarse. Es curiosa que esta ley del físico Antoine Lavoisier de 1785 reciba el nombre de Ley de la conservación de la energía, cuando justamente lo que no deben ser los medios hoy en día es conservadores, sino transformarse.

Esta semana se producía en un grupo de LinkedIn un interesante debate en el que se hablaba de si los medios tradicionales ya estaban muertos y solo existía la vía del online. Otros defendían la postura que igual que la radio no ha desaparecido, los medios de toda la vida tampoco. Y evidentemente, yo me quedo con la teoría del gran Aristóteles en eso del término medio.

Es decir, el online es obligatorio pero ya no solo para los medios de comunicación sino para cualquier empresa o negocio de este planeta. Pero puede ser el complemento de una base o viceversa. Por ello lo que debemos es transformarnos, no destruirnos. Por ejemplo un periódico que salga cada día en papel, también tiene su página web con su información y sus contenidos multimedia. La base es el periódico de toda la vida, pero se ha transformado en tener su web e incluso su edición digital para descargar, previo pago o subscripción, en formato pdf.

Otro ejemplo pueden ser las radios y televisiones, que su contenido lo emiten en el aparato reproductor habitual pero además en la red puedes encontrar toda su programación a la carta para adaptarse a los nuevos hábitos. Complementando la base de toda la vida.

Y si lo extrapolamos a empresas más de lo mismo. Todas deben tener a parte de su tienda, oficina o fábrica, su página web y presencia en redes sociales para tener un buen futuro. Solo si sabemos transformarnos, conseguiremos no destruirnos. Seamos energía y cumplamos su ley de la conservación, sin ser nada conservadores.