Año 2015. Hemos llegado allí donde la ficción de los años 80 en películas como “Regreso al Futuro” veía como la época del progreso y de la revolución de la tecnología. Y en buena parte así ha sido. Vivimos en un mundo en el que prima lo digital pero a pesar de ello, todavía hay muchas herencias del pasado que no tienen ningún sentido.

Y la primera nos la encontramos el primer día del año. Y es que el día 1 de enero es uno de los tres únicos días en todo el año en el que no se venden periódicos. Las quioscos cierran el 1 de enero, el sábado santo y Navidad (aunque en Cataluña es el viernes santo y el día 26 de diciembre San Esteban). Aunque en 2015 parece algo raro que todavía haya días en los que no salgan los periódicos. Porque la información no para, Twitter sigue generando noticias cada minuto y las páginas webs de los diarios también. Y por consecuente también deberían hacerlo (y de hecho algunos lo hacen) sus ediciones digitales. No tiene ningún sentido cuando las noticias que se producen por la mañana ya casi están caducadas al día siguiente cuando se publican. Imagínense dos días después.[blocktext align=”right”]La tecnología y el online también empiezan a influir claramente en nuestros hábitos[/blocktext]

Algo parecido puede pasar con las tiendas y las rebajas. Después de Reyes empieza oficialmente la bajada de precios en la mayoría de comercios, pero muchos empiezan antes por la competencia que reciben de internet. Y es que en la red nadie pone normas, de momento, ni límites. Incluso en los horarios. Hoy en día hay una amplia disputa entre las leyes estatales y las regionales, y uno ya no sabe si encontrará abierta una tienda en festivo o no. Pero en la red puedes comprar 24 horas al día. ¿Por qué querer legislar los comercios físicos cuando los online están todo el día abiertos? ¿Por qué no darles libertad?

Hoy en día vivimos en un mundo que no para. 24/7 que dicen los americanos. En la televisión antes ponían la carta de ajuste y te mandaban a dormir. Ahora ya no. Hospitales, medios de comunicación, informáticos, vigilantes, taxistas y decenas y decenas de oficios que deben existir las 24 horas del día. Por lo tanto no tiene ningún sentido limitarse al horario comercial. O al menos, obligar a ello.

Y qué decir de los bancos. Afortunadamente han hecho un gran avance en cuanto a seguridad y casi todas las operaciones ya se pueden hacer online durante todo el día, pero si es necesario desplazarse a una oficina, éstas siguen cerrando a las dos. ¡Ni siquiera abren por la tarde! Y claro, todavía hay gente que necesita librar unas horas del trabajo para “hacer gestiones”.

La tecnología y el online también empiezan a influir claramente en nuestros hábitos. Y debemos adaptarnos a ellos, a un mundo que gira y gira 24 horas cada día, siete días la semana y 365 días al año. Y si el mundo no se para a descansar ¿por qué hacerlo nosotros?