La seguridad en internet es un tema que sigue presente a día de hoy y que genera un estado de preocupación importante en los usuarios. Y mucho más cuando salen a la luz escándalos como el de las fotos de famosas estadounidenses que han sido robadas de su nube y las han hecho públicas.

El principal problema es de conciencia propia. Tenemos muy claro que nuestra casa o el coche los debemos tener cerrados e incluso con alarmas. Pero en cambio no tenemos esa misma idea en la red. Nos frenamos a la hora de dar nuestros datos bancarios pero no cuando nos registramos. No valoramos la importancia de nuestras contraseñas. De hecho estamos acostumbrados a tener el mismo usuario y contraseña para todos los registros.

Pero, ¿a qué no tenemos una llave maestra para abrir nuestra casa, la oficina, el coche, la moto, etc.? Entonces ¿por qué sí lo hacemos en internet?

 

Cómo guardar las contraseñas

Por lo tanto lo primero que debemos tener claro es usar diferentes usuarios y contraseñas para los diferentes accesos que tengamos en la red. Una buena manera de guardarlos es o bien con un archivo Excel o en una hoja de papel de toda la vida. Y podemos usar palabras clave para entender de qué es cada contraseña. Es decir, si tenemos los datos de nuestro banco, el Sabadell por ejemplo, no anotemos:

[preformated]Banco Sabadell. Usuario: pepe Contraseña: password[/preformated]

Si no que podemos hacerlo usando palabras en clave que solo entandamos nosotros. Por ejemplo usando las iniciales como si fueran de una persona. En el ejemplo del Banco de Sabadell, la B y la S las usaremos como las iniciales de una persona: B anco S abadell, B enito S ánchez. Por lo que anotaríamos algo parecido a esto en nuestro Excel:

[preformated]Benito Sánchez. U:pepe C:password[/preformated]

 

Tipo de contraseña

Si las tenemos anotadas ya no nos hará falta usar contraseñas que sean fáciles de recordar. De hecho, la mayoría de hackers lo único que hacen para entrar a una cuenta ajena es probar con las contraseñas más comunes: nombres de personas, fechas, secuencias de números estilo 1234, etc. Y con un poco de paciencia y software hecho para ello, logran su objetivo. La contraseña perfecta debe combinar mayúsculas y minúsculas, números e incluso caracteres como una coma o un punto. Y como más larga mejor.

 

Phishing

Otra manera de conseguir o pescar nuestra contraseña es pidiéndonosla directamente. Nos mandan un correo con el mismo logotipo que nuestro banco, correo o cuenta de Apple y nos piden que se la mandemos para verificarla o nos pide cambiarla pero nos lleva a una web casi idéntica a la oficial pero que está controlada por ellos. Debemos tener claro que nunca, e insisto NUNCA nos van a pedir por mail que cambiemos o demos nuestra contraseña. Por lo tanto hay que ignorar estos mails y avisos.

 

Uso de doble confirmación

Aunque nos resulte engorroso en algunos casos debemos activar la doble confirmación. En bancos por ejemplo ya se usa con una tarjeta de coordenadas única y personalizada que te obliga a entrar un código para cualquier operación. O a veces se te pide introducir tú teléfono móvil para que te manden un código que debes usar para poder continuar. De hecho, una opción que ofrecen muchos servicios es dar nuestro teléfono móvil para que nos manden un mensaje cuando se está entrando desde un dispositivo con una IP que no es la habitual (es decir, que no es nuestro Smartphone, Tablet u ordenador personal) y no te deja seguir si no introduces el código enviado a tú teléfono móvil.

 

Programas de contraseñas

Hay multitud de aplicaciones gratuitas y de pago que te ayudan en el tema de las contraseñas. Unas por ejemplo te generan contraseñas de seguridad, pero yo no soy muy partidarios de ellas. Porque en el fondo son generados por un tercero e igual esa combinación se guarda en una base de datos. Creo que todos somos capaces de inventarnos una palabra formada por letras mayúsculas y minúsculas y caracteres especiales. Y hay aplicaciones que te guardan todas las contraseñas en la nube y tú puedes acceder con una sola contraseña maestra. Pero no deja de ser más de lo mismo: si te hackean la primera las tienen todas, por muy complicada que sea la primera.

 

Un último consejo

Cambia las contraseñas cada dos o tres meses. A priori puede parecer muy fastidioso y puede llegar a producir pereza hacerlo. Pero vale la pena. Es una inversión de algunos minutos cuatro o cinco veces al año que tendrán una recompensa de seguridad que hará que evites malos momentos y que además es absolutamente gratuito.