Hace unas semanas salía a la venta el iPhone 6 y muchos usuarios de Apple hacían colas y demandas para ser de los primeros en tener el Smartphone en sus manos. Pero también existe un número importante de usuarios que siguen criticando su precio e incluso se quejan que las compañías de telefonía móvil no lo subvencionen.

Es curioso cómo nos hemos malacostumbrado a pensar que no hay que pagar por un teléfono. Seguramente anclados en el pasado ya que cuando empezó el mercado de la telefonía móvil las compañías casi te regalaban los aparatos, pero no eran como los de ahora. Todo el mundo teníamos los famosos Nokia que conseguíamos por puntos o amenazando de darnos de baja.

Pero esos teléfonos tan solo llamaban o como mucho nos distraían jugando a la famosa serpiente. Nada que ver con los de ahora. Son auténticos ordenadores, cámaras de fotos, blog de notas, videoconsolas de juegos y además teléfono. Y esta evolución se paga. Y a más prestaciones, calidad y diseño más caro resulta.

A nivel de empresas, lo mismo. Es inadmisible ver cómo ceden teléfonos de gama baja o media a sus empleados y luego les exigen resultados. Trabajadores que deben estar pendientes del correo, de leer informes, documentos y apenas pueden aclararse con su Smartphone simple. O por ejemplo periodistas. Hoy en día todos los periodistas deberían llevar un teléfono inteligente de alta gama para poder cubrir desde el aparato fotografías o vídeos y poder subirlos a la edición digital de su medio.

Y como usuarios debemos valorar más la inversión que hacemos de nuestro Smartphone. Gastamos mucho dinero en ropa, en la cama, en el sofá, la televisión, el ordenador portátil, el coche… pero realmente ¿no es cierto que lo que tenemos con nosotros casi las 24 horas del día es el teléfono? ¿No lo usamos constantemente para chatear, compartir fotos, vídeos, jugar? ¿No sería la inversión más bien aprovechada que podemos hacer?

Debemos darle el valor adecuado a cada inversión. Igual que lo hacemos con el tiempo. ¿Es mucho una hora? ¿O es clave un segundo? Depende. Para entender el valor de un año se lo podemos preguntar a un estudiante que repite curso. Para entender el de un mes, pregúntale a una madre que haya dado a luz a un bebé prematuro. Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario. Para entender el valor de una hora, pregúntales a los amantes que esperan para encontrarse. Para entender el valor de un minuto, pregúntale al viajero que acaba de perder el tren. Para entender el valor de un segundo, pregúntale a la persona que ha estado a punto de tener un accidente de tráfico. Para entender el valor de una milésima de segundo, pregúntale al deportista que se conformó con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos.

Si en el tiempo todo es relativo, en la vida también. Démosle el valor que merece cada elemento. Basta ya de menospreciar todo lo que nos aporta nuestro teléfono móvil. Porque gracias a él, la vida nos es más fácil.

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