Hace unos días se celebraron unas elecciones europeas y los ciudadanos fueron llamados a votar. Pero antes de ello, tuvimos los quince días habituales de campaña electoral con la jornada de reflexión incluida.

[blocktext align=”left”]No hay nada más del siglo XX que un mitin electoral[/blocktext]Mientras todos los sectores avanzan y se adaptan a los cambios tecnológicos que ofrecen las redes sociales e internet en general, en política siguen anclados en el pasado. No hay nada más del siglo XX que un mitin electoral. Que alguien me explique qué sentido tiene reunir a la gente que ya sabes que te va a votar, para que te aplauden y te vitoreen, ondeen banderas y escuchen un discurso lleno de falsas promesas.

Antes podría tener un sentido cuando intentaban hacer llegar el programa a todo el territorio sin necesidad de ser filtrado por los medios. A la vez, intentaban que la frase más espectacular del mitin saliera en todos los informativos. Pero hoy en día, en un mundo 2.0 es absurdo.

Puedes y debes tener tus propios canales: colgar vídeos en youtube, tu web con un blog del candidato, sus ideas en Twitter, etc. Enviar los sonidos, las frases o las declaraciones concretas a los medios de comunicación tradicionales y moverte por los diferentes medios online buscando también presencia en ellos. El resto, es un gasto inútil que no es que no sume, sino que resta, ya que los políticos solo son cercanos al pueblo en campaña cuando se pasean por las calles dando la mano a todo el mundo.

Un claro ejemplo lo hemos visto en la nueva formación PODEMOS, que ha sacado un gran número de votos a pesar de no tener presupuesto para una gran campaña y casi nula presencia mediática en los bloques electorales. Cierto que el candidato es un tertuliano famoso de la televisión, pero su apuesta por las redes y el movimiento social han hecho el resto. Lejos de la estructura obsoleta de los grandes partidos.[blocktext align=”right”]En un mundo 2.0 no tiene ningún sentido esta jornada de reflexión[/blocktext]

Y más estúpido me parece todavía si cabe la jornada de reflexión. Por ley electoral, después de quince días de campaña, la gente tiene ese día para asimilar toda la información de los diferentes partidos y escoger la mejor opción. Y para que no esté condicionado, los políticos no pueden pedir el voto, por lo que no hay mítines ni campaña. En un mundo 2.0, donde la gente puede buscar y rebuscar por internet y los políticos y los partidos siguen activos en las redes sociales, no tiene ningún sentido esta jornada de reflexión.

Un ejemplo más que la sociedad y la clase política no van al mismo ritmo. Mientras unos avanzan para sobrevivir y se reinventan constantemente, los políticos siguen una nube con olor a naftalina del siglo pasado.