En el anterior artículo hablábamos de los cambios que está sufriendo la prensa escrita y cómo deben adaptarse a ellos. Y de ahí llegamos a hablar de internet. Desde hace años las rotativas de todo el mundo se plantean cuál es la mejor fórmula para la transformación de los periódicos al online.

De hecho es el sector de los medios de comunicación que más han notado el cambio con la llegada de internet. Acostumbrados a escribir con calma para el día siguiente ahora la mayoría de ellos tienen su versión web por lo que conviven con la inmediatez y tienen que subir las noticias constantemente en su portal web que necesita estar siempre actualizado.

Y aquí nace el gran dilema ¿cómo se saca beneficio económico de ello? En la edición de papel el periódico tiene un coste y además está repleto de anuncios. En cambio en la web la publicidad no funciona y hay un gran debate sobre cómo se deben cobrar los contenidos.

Y es que el problema de internet desde sus inicios es que nos ha acostumbrado a tenerlo todo gratis por lo que se nos hace muy difícil ahora tener que pagar por algo. Desde cualquier información ya sea a través de Wikipedia o cualquier otra web, hasta los diccionarios o enciclopedias a través de sus ediciones online como la propia RAE. Y ya no hablemos de los miles y miles de vídeos que nos ofrece youtube o las canciones, mezcladas con publicidad en la versión gratuita, que nos presta spotify. Legalmente tenemos muchísima información, pero además hay miles de páginas que nos dan acceso a contenidos piratas como libros, películas o incluso periódicos en su versión en pdf.

Esa asociación entre internet y gratuito hace difícil saber cómo deben los periódicos sacar dinero en su edición online. Lógicamente la web la siguen haciendo periodistas que deben cobrar su trabajo pero ahí entra la dificultad. Porque los banners y pop ups no funcionan. Hemos acostumbrado a nuestro cerebro a no fijarnos en la publicidad. Todos los banners superiores y laterales ya no les prestamos atención. Y si nos sale algún pop up o anuncio que nos cuesta quitar produce un efecto de rechazo que llega a perjudicar la marca anunciadora consiguiendo el efecto contrario al deseado.

Por eso las marcas no quieren apostar por anunciarse en internet en páginas de terceros o lo hacen a precios muy reducidos y condicionados al número, ya no solo de clics, sino de conversiones. Cómo en internet sabemos el origen de todos los clics, una casa de apuestas por ejemplo solo paga por aquel clic procedente de una web que haya creado una cuenta nueva.

Viendo la dificultad de obtener beneficios con la publicidad intentan conseguirlos con contenido. Mezclando los artículos en abierto y los Premium que solo puedes leer si te suscribes pagando una pequeña cantidad al mes. A veces incluso te dejan leer las primeras líneas para dejarte con las ganas y que te convenzas a pagar. Pero el número de suscritores es muy bajo todavía y sube muy lentamente. Otros medios, como El País, ofrecen directamente todo el contenido totalmente gratis en la web.

Sea como fuere este es el gran paso que debe dar la prensa escrita para encontrar el equilibrio entre el offline (el papel) y el online (la versión web). Si alguien descubre la fórmula perfecta en algún rincón del mundo, porque el problema es a nivel mundial, habrá hecho el paso definitivo para que la prensa escrita resurja e incluso ayude a la supervivencia del papel.