¿Quién no ha tenido una vecina/o cotilla?
Aquella persona preparada para lanzar su negatividad al más mínimo atisbo de historia positiva, alegría o celebración. Un cotilla empedernido que sabe todo de todos y no duda en modificar la historia para su propio beneficio o hacer más “show” de una vivencia sin sal. Divertirse jugando al “Teléfono”. Ahora se llamaría “Hater”.

Claro que en redes sociales hay comentarios ofensivos, tendenciosos, marrulleros, provocadores, impresentables,… sí, existen. Pero no podemos culpar al medio, de acciones que creamos nosotros, la sociedad.

“Las redes sociales no nos han hecho superficiales, mentirosos y agresivos: ya lo éramos”, Andy Stalman

Si es así, basta ya de culpar a Facebook o Whatsapp de nuestros ofensivos comentarios o del fluir de las Fake News. Las redes sociales deben orientarnos y ofrecer formación sobre el buen uso de la herramienta, pero aquello que decimos SIEMPRE será nuestra responsabilidad.

Si nos llega una información poco o nada veraz, tenemos la obligación de contrastar antes de creernos aquello que se escribe o exhibe en ella. Ser críticos es un valor añadido del ser humano y a veces nos olvidamos de ello.

Es nuestro deber denunciar/reportar todas aquellas noticias falsas que dañan la verdad para que exista un buen clima comunicativo y todos podamos hablar/discutir/bromear en igualdad de condiciones y con las máximas garantías.

Nuestra propia burbuja nos hace pensar que tenemos SIEMPRE la razón y, por ello, nos creemos aquellas noticias que nos gustan y refuerzan nuestro autoestima.

No existe nada más peligroso para la comunidad que el veneno del ego por encima del interés común. Todas las opiniones son aceptables, siempre y cuando se fundamenten en hechos reales.

Los puntos de vista siempre “modifican” la verdad y la objetividad no existe, pero la honestidad debe ser el propio estandarte de cada uno de nosotros.

Las redes sociales nos proporcionan un altavoz e igualan, en mayor o menor medida, todas las opiniones… esa es la grandeza y el peligro.