Por primera vez y gracias a la insistencia de mi socio en MarfiCom, Carles Fité, fui a una diada castellera. Una concentración de varias agrupaciones que realizan las construcciones humanas más impresionantes que he visto nunca. Y no solo eso, pude comprobar cómo se trabaja en equipo aunando esfuerzos y con una rivalidad entre agrupaciones muy positiva dónde llegan a levantar 9 y 10 pisos humanos.
En los “Castellers” todos suman

El “cap de colla” es el que da las instrucciones y hace de patrón para definir qué estructura se realiza y cómo se va a levantar. Él decide en todo momento cada paso que se va a dar y si no lo ve claro se desmonta el castillo humano sin rechistar. Factores técnicos, estructurales o de ánimo de su equipo le hacen tomar las decisiones en cada momento. Siempre es necesario un líder, una persona que todos le han ofrecido el mando y no sea impuesto; la confianza es esencial.

“La piña” es un grupo de personas que pone los fundamentos del castillo, serían los machacas de todo equipo humano en una empresa. Tanto o más importante de quién se lleva el mérito o quién consigue llegar a la cumbre. Perfectamente organizados y si faltan recursos son los própios “competidores” quienes les echan una mano. Toda ayuda es bienvenida y bien dada si existe un fin común: el éxito y no la envidia o el ego. A medida que avanza el día, y con algunos heridos debido a las caídas de algunos castillos, son personas de otras agrupaciones o “colles” quienes arriman su hombro: compañerismo. La competencia ya no existe, debemos crear un mercado en el que todos salgamos beneficiados.

Poco a poco va subiendo el castillo, se crea el “tronc”. Esta parte es la más visible y la que requiere de más concentración. Ves caras de esfuerzo, no se rinden aunque el castillo tiemble y parezca que vaya a venirse abajo. Perseverancia por aquellos que sufren en la piña y por los que aún quedan por subir. Cada pie, cada movimiento con el brazo, cada pensamiento pueden hacer que el castillo tambalee demasiado y les lleve al éxito o al fracaso. En un equipo debe aparecer el talento de algunos de los miembros, quién dé las soluciones sobre la marcha y sepa cómo corregir cada situación de forma activa pero sin dejar de ver desde su ubicación el conjunto del castillo.

Después del tronco viene el “pom de dalt”, dónde se prima la agilidad más que la experiencia, esta parte la constituyen los más pequeños. En los trabajos de equipo siempre tienen que haber personas que, sin ser grandes conocedores del tema o con no tanta experiencia, sepan moverse con agilidad para finalizar y presentar el proyecto común. Los más aplaudidos, pero son figuras que representan a todo un equipo que ha sufrido para que ellos llegarán a deslumbrar.

Sin duda es una experiencia que hay que vivir de cerca

Si gestionas un grupo te recomiendo que organices una salida conjunta a cualquiera de las muchas diadas castelleras que se realizan. Será una experiencia muy positiva para la consecución de los objetivos comunes futuros.