[dropcaps]Hay mucha gente que quiere[textmarker color=»C24000″ type=»text color»] comunicar solo aquello que les interesa[/textmarker], realzar sus bondades y transformar la realidad a su libre albedrío. Los que oímos esos mensajes tenemos el derecho de saber y preguntar, pero también tenemos la obligación de informarnos. No hay derechos sin obligaciones, ni obligaciones sin derechos.[/dropcaps]

En la comunicación entre personas no existe la subjetividad. Como diría mi amigo y socio Carles Fité: “¿Cómo va a existir la objetividad si no somos objetos? Somos subjetivos por naturaleza porque somos sujetos.”

A la subjetividad se suma nuestro carácter competitivo y nuestro orgullo, nos cuesta quedar por debajo de los demás y somos capaces hasta de jugar con las palabras hasta no admitir un error. Incluso llegamos a mentir para tapar aquello que hemos hecho o vestir con falsas verdades un futuro incierto.

No tiene sentido sentarse a escuchar a alguien que tiene algo que ganar sin ponerle un velo de duda. [textmarker color=»C24000″ type=»text color»]Preguntarse el porqué de todo[/textmarker] es el primer paso para aprender y hacer lo correcto.

 

Los fanatismos son el primer paso del fracaso, pan para hoy y hambre para mañana. Tanto si eres el emisor como el receptor debes hablar con prudencia, debes evitar enamorarte de tus ideas para tejer un discurso coherente e integrador. Una vez ya tienes el discurso, solo cuando ya lo tengas escrito o interiorizado, en ese momento es cuando tienes que añadirle la pizca de pasión.

Escucha, reflexiona, duda, pregunta, delibera, reacciona. Haz lo que quieras, vota a quién quieras pero hazlo meditando en tus propias ideas. Interioriza toda publicidad y márketing que se ha creado especialmente para ti, no deseches ideas sin escuchar ni debatir. Polemizar y contradecir es la base para crear un discurso enriquecido e integrar nuevas ideas.

Culpamos en ocasiones al emisor por realizar ciertos discursos, yo culparía al receptor que solo escucha al discurso que cree, que se niega a discutir contra nuevas ideas, que no se pregunta el porqué de las suyas ni empatiza con las de los demás.

Un discurso por sí solo no tiene poder ni fuerza, no es nada.

Llegan las elecciones y hablamos sobre ideas y programas, pero no difiere de cualquier discurso realizado por una empresa para vender su producto o marca. Cambiemos los votos por una marca, producto o servicio y nos encontraremos en la misma situación. Haz lo que quieras y compra lo que quieras, pero siempre pregúntate el porqué, no hay buenos ni malos, no hay un mejor producto o uno peor, no hay gente que quiera lavarte el cerebro, [textmarker color=»C24000″ type=»text color»]solo hay gente que quiere vender una idea[/textmarker].