Hemos hablado muchas veces de las redes sociales. De cómo utilizarlas, a qué hora es mejor para publicar, qué contenido debemos subir y muchos más detalles.

Pero además de las directrices y los consejos hay una parte que debemos tener muy clara y que va unida absolutamente a todas las redes sociales: la parte humana.

Detrás de cada perfil hay una persona. En el de las empresas también, hay alguien detrás, pero quiero centrarme en los perfiles personales.

Todos partimos desde el mismo punto de inicio. A la hora de crear un perfil debemos registrarnos y crearlo. Todos tenemos la misma plantilla: la foto de portada, la foto de perfil, nuestra BIO. Entonces, ¿qué nos puede hacer diferentes? Nosotros mismos.

Todos somos diferentes, tenemos matices, caracteres distintos, personalidad marcada… ¡Y debemos reflejarlo en nuestras redes! Sí, es nuestra marca personal. Pero hay que darle la importancia que tiene, que es mucha. No tengamos miedo a ser como somos. Parece una obviedad, pero cuando llegamos al mundo online muchas veces lo olvidamos.

Como bien contaba esta semana Joan Martín hay una idea que me encanta: seamos subjetivos, 0lvídemonos de ser objetivos. Y que esto lo diga un periodista puede parecer un insulto a la profesión, pero en el fondo es un respeto a la realidad.

Los objetos son objetivos, nosotros como sujetos, somos subjetivos.

Hay un ejemplo muy claro. Imaginémos que en un partido de fútbol el Valladolid gana 1-0 al Albacete. ¿Cuál es la noticia? ¿Cómo titularíais la crónica? Pues diríamos «El Valladolid gana al Albacete» pero en la Mancha igual dirían «El Albacete pierde ante el Valladolid«. ¡Claro! El titular es absolutamente neutro, no se moja, pero no es objetivo. Porque da más importancia a uno u otro equipo. Luego hay diferentes grados de subjetividad «El Albacete incapaz ante el Valladolid» o «Los palos y el portero evitaron la goleada«. Por lo tanto, podemos luego buscar nuestra subjetividad más objetiva, pero la única manera de ser objetivos sería titular: Valladolid 1 – Albacete 0. Todo el resto ya llega tendenciosamente viciado.

Entonces, una vez sabemos que la objetividad no existe, potenciemos la subjetividad. Esa parte que nos hace únicos, diferentes. Y dotemos nuestras redes sociales de nuestro sello. Sin miedo a quedar bien con todo el mundo o a no mojarnos. Simplemente seamos como somos. Porque lo auténtico llega. Y las redes sociales están al alcance de todo el mundo por igual, pero solo nosotros podemos utilizarlas de una manera personal para hacerlas distintas.