Cuando hablamos de una empresa de servicios que quiere prestarlos a sus clientes siempre nos encontramos con algunas dudas. Cómo conseguir clientes, qué precios poner, cómo trabajar, qué ofrecer, y muchísimas variantes más. El cliente, por su lado, tiene un amplio abanico de opciones para escoger. Debemos ser conscientes que no solo está nuestra necesidad de convencerlo para que nos escoja a nosotros, sino también la suya para decantarse por la que mejor se ajuste a sus necesidades y no fallar.

Por lo tanto necesitamos un primer punto de empatía con el cliente porque no va a escoger la opción más barata porque sí, ni tampoco la más rápida o la más completa. O sí. Son mucho matices con los que, como un enamoramiento o un match en Tinder, debemos coincidir ambos con las mismas intenciones y empezar una relación. Que muchas veces funciona y otras no. Pero si la fase de ofrecimiento y contratación está bien ajustada, lo normal es que la relación tenga futuro.

¿A dónde quiero ir a parar yo con todo esto? Pues me voy a permitir el lujo de daros un consejo basado en mi experiencia. Bueno, ya que estamos más de un consejo. De hecho os voy a dar mi decálogo. Que como los mandamientos, se resumen en dos:

  1. sincero. No quieras mostrar lo que no eres. Si te escojan que sea por lo que ofreces.
  2. Cumple las expectativas. No hay peor reputación que aparentar aquello que no puedes ofrecer.
  3. Contesta rápido. Si eres el primero en entregar un presupuesto o una propuesta, te conviertes en el referente. Es como cuando quieres comprar un piso, el primero que ves es el que te sirve para comparar el resto.
  4. No juegues a precio. No entres a una subasta y quieras bajar el precio por debajo de tus posibilidades. Valórate. Vales lo que ofreces, ni más ni menos.
  5. Encuentra tu valor añadido. Y poténcialo. Eso te hará diferente. Que valga la pena pagar la diferencia económica porque ofreces algo mejor o único respecto a la competencia.
  6. Si no te contestan, no te hagas pesado. Ya saben que tienen tu propuesta y si realmente estuvieran interesados te hubieran contactado. No les obligues a darles muchas explicaciones si no has sido el escogido.
  7. No cierres la puerta. Si no te eligen, sé amable, resta a su disposición y ofrece tu colaboración. La vida da muchas vueltas.
  8. Si eres el elegido, cumple. Si has sido sincero luego deberás demostrarlo en la puesta en marcha de tus servicios.
  9. Ve de cara. Si durante el proceso de prestación de servicio hay algún problema (una baja, una enfermedad, un retraso en la entrega de algún producto) sé transparente y asume las consecuencias. No tapes les baches con una patada hacia adelante, a la larga te perjudicará.
  10. Controla los tiempos. No aprietes muchos los plazos. Mejor dar un margen más amplio y terminar antes el trabajo que no ajustarlo al máximo y no llegar a tiempo.

Y todos estos consejos se resumen en dos muy contundentes: confianza y solvencia. Los clientes buscan en sus proveedores que les demos confianza, que no tengan que hacernos de policía, que seamos proactivos; y solvencia, que hagamos el trabajo, que cumplamos.

Si le das a tu cliente confianza y solvencia, no te discutirá el precio u otros detalles. Porque a la larga son conscientes que lo barato les puede salir caro. Pero la confianza y la solvencia, no se paga solo con dinero.

Confianza y solvencia son sinónimos de éxito