Leía a mi socio y amigo Joan Martín hablar de la importancia de crearse una marca personal. Hasta ahí estoy totalmente de acuerdo. Cada uno debe apostar por la suya ya que nunca sabes las vueltas que dará la vida. Aunque trabajes en una empresa, debes cuidar esa marca ya que algún día igual te echan de patitas en la calle y nadie sabrá quién eres o por el contrario alguien se fijará en ti e igual te llega una oferta.

Pero hay que saber hacerlo bien, claro. Ya que si priorizas más tu marca que la de tu empresa, ésta se puede mosquear y con razón si es que los utilizas para tu lucimiento personal. Un ejemplo claro pasa hoy en día con los periodistas, que muchas veces están más pendientes de dar la noticia en su Twitter personal que en el de su medio. Por ejemplo, en la previa de un partido de Champions que el Barcelona juegue en Manchester si un periodista enviado especial por un periódico (que es el que asume los gastos del desplazamiento) publica la convocatoria o las declaraciones del entrenador antes en su cuenta personal que en la del medio, le está faltando el respeto, siendo suaves, al medio que le paga y le costea.[blocktext align=”right”]Hay que apostar por la marca personal, pero nunca alardeando de aquello que ni somos ni tenemos[/blocktext]

Pero en cambio, si este mismo periodista cultiva su marca personal y consigue ser llamado una tertulia televisiva por ejemplo, el periódico se beneficia ya que saldrá debajo del nombre del periodista el del medio sobreimpresionado en pantalla y éste debería hacer mención de su periódico o de alguna publicación hecha en él en algún momento del programa. Es lo que sería un win-win para el medio y el periodista.

Pero Joan iba más allá y hablaba de crearnos una marca pero bien definida y pensada e incluso nos proponía crearnos un personaje. Terreno peligroso, muy peligroso. Porque la marca personal, si bien debe estar trabajada, no puede alejarse de la realidad. Porque luego nos puede pasar aquello que se conoce como que “se le ha comido el personaje”. Es decir, olvidamos los orígenes y nos creemos lo que no somos. Y las falsedades, engaños y farsas, hoy en día duran muy poco.

Por lo tanto hay que apostar por la marca personal, sin olvidar para quien trabajamos y quien nos paga. Y crearla desde un punto de vista real, trabajado, definido y pensado, pero con unas bases auténticas en las que lógicamente potenciemos nuestras virtudes y características más positivas, pero nunca alardeando de aquello que ni somos, ni tenemos.