El mundo de la comunicación está cambiando. Es una obviedad. Todo el mundo lo sabe. Pero no todo lo nuevo substituye lo anterior, ni lo mejora. Entender esto y adaptarse a ello es la clave de éxito.

Un ejemplo clarísimo lo hemos tenido estos días en el mundo del fútbol. Antoine Griezmann, anunció dónde jugaría en el futuro a través de un documental de televisión emitido en prime time y elaborado por una productora propiedad de un jugador de un club implicado que se dedicó a promocionarlo a través de su cuenta de Twitter.

Más allá de la decisión deportiva y de si ha acertado o no renovando por el Atlético de Madrid, vamos a analizar la decisión comunicativa.

A priori hemos cambiado una rueda de prensa o un comunicado por una emisión de televisión. Un cambio predecible con la tendencia al alza que tiene lo audiovisual. Además se ha aprovechado para darle sensacionalismo al apurar la decisión hasta el final y guionizar su formato. Y apostando por el docureality un género que hemos vivido en muchos otros sectores y que ha llegado al mundo del fútbol. Tampoco debería sorprender a nadie.

Por lo tanto, la decisión de Griezmann es novedosa en el fútbol pero totalmente coherente con el momento que estamos viviendo de cambios y nada sorprendente ni, a mi entender, criticable.

Ahora bien, sí hay factores externos más difíciles de entender y de defender. Principalmente la implicación de Gerard Piqué en todo ello. Piqué es empleado de un club afectado por un lado y parte muy implicada en el documental por otro. Un claro conflicto de intereses que en cualquier sector clamaría al cielo y es claramente falto de ética. Incluso en el mundo empresarial sería perfectamente motivo de despido.

Y finalmente, el papel de los clubes. Tanto Barça como Atlético son víctimas colaterales de la situación. En la mayoría de los docurealitys, a las partes afectadas les informa a posteriori del resultado que va a emitirse e incluso tienen derecho a réplica o a rectificación. Esta parte se ha omitido en este documental por lo que los clubes han sido víctima de una mala praxis televisiva.

En conclusión, el problema no es el hecho sino las formas. Griezmann se equivoca no implicando a los clubes básicamente antes de emitirlo, Piqué no puede éticamente hacer negocio aprovechándose del que le paga y los clubes son víctimas colaterales de lo que nada pueden hacer.

Y como decía al principio, no todo lo nuevo substituye a lo anterior. Ante este protagonismo que están cogiendo los futbolistas, el periodismo debe existir y coger más fuerza que nunca. Igual que los jugadores tienen sus propios canales, las empresas también los tienen. Y en el mundo de la comunicación empresarial, estas deben cambiar sus notas de prensa o convocatorias de medios de antaño por emisiones en Youtube, en redes sociales y aprovechando sus canales internos. Y el periodismo, el buen periodismo, debe ser siempre el juez y el fiscal de buscar la verdad y denunciar los abusos y mentiras con el máximo de rigor y de objetividad posible.