Cuando un gobierno, una institución o una empresa importante sabe que no puede evitar de ningún modo la publicación de una noticia muy negativa para ellos, un buen director de comunicación lo que hace es una detonación controlada de esa noticia para minimizar los daños. Se trata de hacer explotar la ‘bomba’ informativa en el momento –y el lugar– preciso para que la ‘metralla’ sea lo menos dolorosa y dañina para ese gobierno, institución o empresa. Exactamente igual que hacen los artificieros de la Policia –Tedax, que si no pueden desactivar una bomba –real–, la hacen estallar en un lugar seguro.

Lo primero que se intenta siempre es mirar de silenciar o tapar esa noticia negativa, negándola de plano cuando se está seguro que el periodista no tiene pruebas. Siempre habrá rumores, que los puedes atribuir a mala intención de gente que quiere destruir esa institución.

Cuando empiezan a salir las primeras pruebas, aunque sean tímidas, como dircom tienes que aferrarte al discurso de la presunción de inocencia, que todo está en manos de los jueces y serán ellos los que confirmen o no la culpabilidad. Y si las pruebas y filtraciones ya son inevitables y demasiado evidentes, llega el momento de la detonación controlada: dejar caer una parte para salvar a otra.

Esta manera de actuar comunicativamente ante una crisis se ha repetido muchas veces en la historia, pero el caso más reciente y en el que he pensado para escribir este post es el de la crisis de la Casa Real Española con las noticias de evasión fiscal y cobro de comisiones ilegales por parte del actual Rey emérito, pero que lo hizo cuando todavía era el jefe del Estado.

Sin entrar en el fondo de la noticia, porqué este no es el lugar, es digno de estudio como se ha tratado comunicativamente la presunta corrupción del Rey de España durante 39 años (1975-2014). La corona se ha considerado siempre la institución más importante del estado español, a quien les debemos el retorno de la democracia (sic) y con un papel clave en el intento de golpe de estado del 23-F de 1981 (sic-sic), y por eso los medios de comunicación españoles defensores del famoso régimen del 78, la han protegido a capa y espada. Cuando aparecían informaciones que alertaban que alguna cosa estaba pasando en la Zarzuela, los medios cerraban filas. En temas de la corona, durante muchos años nunca ha habido investigación, y solo se han publicado las versiones oficiales o noticias como la de la cacería de Botswana porqué no se podían esconder.

¿Y por qué llevamos ahora semanas llenas de filtraciones y noticias sobre el pasado de Juan Carlos I, su ‘amiga’ Corinna Larsen y los jeques de Arabia Saudí en los medios que antes le protegían? Detonación controlada. Por un lado, este Rey que fue nombrado por el dictador Francisco Franco como su sucesor –no lo olvidemos nunca–, abdicó el 2014 a favor de su hijo Felipe VI porque se sabía que sus corruptelas acabarían saliendo a la luz. Si sus ilegalidades se hacen públicas cuando ya no es Rey, primer daño controlado. Además, su inviolabilidad le protege ante la justicia de todo lo que hiciera antes de 2014, segundo daño controlado. Y ahora se deja que caiga toda la ‘mierda’ –con perdón– encima del emérito para proteger al Rey actual, o sea, el objetivo es dejar caer la imagen de Juan Carlos I para proteger la de Felipe VI. Proteger a la Corona, a la institución. Los medios que ahora hurgan en el pasado turbio del ‘amigo’ de Corinna no se han vuelto republicanos de golpe, se han vuelto felipistas.

Ha habido personas relacionadas con la corona y el Gobierno español que, sabiendo que el comisario Villarejo tenía información privilegiada sobre las comisiones y dinero negro del Rey emérito y la quería usar, han ideado una manera para que esa noticia bomba explotara cuando ellos querían –con el Rey abdicado– y donde querían –en los medios afines que antes le protegían con la excusa que hacer daño a la corona era lo mismo que hacer daño a España–. I además, anunciando que el Rey Felipe VI renunciaba a la herencia de su padre y le retiraba la asignación el 16 de marzo de 2020, dos días después de la aprobación del estado de alarma por la pandemia de coronavirus, cuando los medios tenían demasiado trabajo con el confinamiento, y poco espacio para dedicarle a esta noticia que en otro momento hubiera abierto portadas durante semanas. Una detonación controlada de manual.