Hace unos años, un candidato a presidente del Barça me contó la teoría del poder del SÍ. Me dijo que era muy difícil vencer esa palabra y que era clave en una estrategia electoral. De hecho, meses más tarde hubo elecciones políticas y la mayoría de partidos habían incorporado esa palabra en su lema de campaña o incluso en el propio nombre del partido por el que se presentaban. Fruto de ello escribí un artículo al respecto en este mismo blog relacionándolo con el marketing positivo.

Pero esta semana viendo unas charlas me llamó la atención una idea que comparto absolutamente: el poder del NO. Porque también debemos aprender a decir que no. Es decir, para vender nuestras campañas es muy importante usar el SÍ y hacerlo en un marco claramente positivo. Pero de cara a nuestro día a día, debemos tener claro cuándo hay que decir que no.

Por ejemplo a los clientes. Si nos piden algo que no sabemos hacer o no podemos, digámoslo. No pasa nada. Porque es de sentido común que todo el mundo no sabe hacer de todo. O si no tenemos tiempo y no vamos a poder realizar el trabajo a tiempo, mejor decir que no y no quedar fatal y lamentarse después. Aunque perdamos una buena oportunidad de negocio. Pero hay que ser honestos. Aunque de esto también os hablé otro día.

Pero digamos un no inteligente. Expliquemos por qué y busquemos una solución. Una alternativa. Aunque sea ofrezcámoslo a la competencia. Porque en este mundo en el que vivimos ya no existe la competencia. Son compañeros de profesión de los que podemos aprender y ayudarnos. Hay mercado para todos. Bueno, de esto os habló mi amigo Joan otro día.

Saber decir que no de la manera correcta y en el momento adecuado nos da credibilidad. Porque cuando digamos que sí es porque lo vamos a hacer genial, perfecto e increíble. Claro, después hay que hacerlo genial, perfecto e increíble. Pero si es realmente lo que sabemos hacer, así de bien nos saldrá el trabajo.

No tengamos miedo a un NO oportuno, viviendo siempre en un ambiente positivo.