Que trabajar juntos sea un honor recíproco

 

Con mis apenas 30 años, de los cuales solo 6 dedicados plenamente a trabajar y a pelear en el mundo laboral, he tenido ya demasiadas ocasiones para descubrir la toxicidad que esconde. Si os pensabais que las relaciones tóxicas eran algo únicamente romántico, siento desengañaros, puede ser tóxica cualquier relación y las laborales lo son, a menudo y mucho.

A diferencia de lo que creo que muchos pueden sentir, no tengo problemas para hablar de estas relaciones tóxicas en las que me he visto sumergida, ni de sus posteriores despidos, actualmente no me avergüenza dado que puedo observarlas objetivamente y reconocer los errores y mis valores como trabajadora. Aún ahora, cuando cuento esas experiencias, mi madre me dice: “no cuentes esas cosas, te va a jugar en contra para encontrar nuevos trabajos”. Pero, en primer lugar, mis fracasos* no me representan más que mis logros, y segundo, si puede serle de ayuda a alguien que se va a lanzar próximamente a los leones del mundo laboral, valdrá la pena.

*Les llamo “fracasos” porque creo que así es como vemos socialmente un desencuentro laboral que termina en despido, pero yo creo que en muchas ocasiones eso es equívoco.

Dicho esto, igual esperáis que ahora os cuente aquí mis relaciones laborales tóxicas y sé que os encanta una buena polémica, pero, y siento defraudaros, este no es el objetivo que me lleva a escribir este artículo.

Empecemos por el principio, el tema que me invita a escribir estas líneas es mi última decepción con una marca por la que yo ilustraba puntualmente. Cuando empezamos la colaboración, yo era fan indiscutible de ellas, mi entrega era total, primer error. Después de un año de relación y observando las dinámicas de la empresa, expongo mis inquietudes y pido una revalorización del acuerdo enfocado en un mayor reconocimiento público hacía mi proyecto, la otra parte no lo ve pertinente y aquí termina dicha relación. Hasta aquí todo normal, las relaciones son acuerdos (que hay que revalorar cada X tiempo) y cuando una de las dos partes discrepa el desenlace es fácil.

De aquí nacen mis pensamientos con relación a la frase “que trabajar juntos sea un favor recíproco” y os voy a contar por qué.

Cuando empiezas a trabajar o a colaborar con alguien nuevo, y más cuando tienes un perfil junior, poca experiencia para ese puesto o te encuentras en una situación de vulnerabilidad económica, parece ser que la parte contratante tiene ese punto de “te estoy haciendo un favor” y creo que de esa idea nacen una de las mayores y más repetidas relaciones laborales tóxicas. Y es que cuando la parte contratada pide para su propio beneficio, no siempre es bien recibido.

Si la sensación no es que ese “favor” es mutuo, eso no va a funcionar, y si no estás dispuesto más que a atender tus necesidades y no las de la otra parte, esa relación tiene fecha de caducidad. Aunque seas una gran marca con mucho alcance, hace ya muchos años que pasó de moda eso de “ganarás en experiencia y en visibilidad”. Si uno de tus objetivos como persona responsable de un equipo humano, no es atender las necesidades de esa persona y proyectarla hacía sus objetivos, y vivir con orgullo sus logros, del mismo modo que ella celebrará los éxitos de tu marca, ahí no es.  

No me he encontrado nunca en la tesitura de que estuviera en mis manos contratar a alguien, he filtrado currículums y dirigido algún pequeño equipo, pero ya. Entiendo que no debe ser nada fácil y que evidentemente a veces las cosas no siempre funcionan como uno espera, pero sin ninguna duda creo que debería ser tarea obligatoria reconocer en esa persona que le va a aportar a tu marca o empresa. Una relación laboral no es nunca una carretera de una sola dirección.

Si nos paramos a echar cuentas, la mayoría de las personas dedicamos más horas al trabajo que a ninguna otra labor, vamos todos los días a una oficina, compartimos el tiempo y espacio con un equipo, personas con las que muchas veces compartimos más tiempo que con nuestra familia, dedicamos nuestros esfuerzos y nuestra ilusión a nuestro trabajo. Entonces cómo es posible que no intentemos hacer match con nuestros trabajos y como empresario, con nuestros trabajadores. ¿Cómo vas a contratar a alguien que no crees que va a ser la mejor opción para tu empresa?

Y si esa persona es la mejor opción para tu empresa, y decide formar parte de tu equipo, como no le vamos a dar el valor que tiene intentando que sea la mejor experiencia posible para ambas partes.

Llegados a este punto, necesito justificarme reconociendo que escribo desde la estabilidad laboral y que no siempre es así de fácil, pero me parece importante también recordar que, aunque en estos momentos, la situación laboral de alguien sea complicada, pero tenga que sostenerla para sobrevivir, es importante no procrastinar y seguir buscando cambios que nos permitan hacer ese match en medida de lo posible.

Dicho esto, parece que he salido reforzada de una relación laboral tóxica más y que esta me enseña a poner en valor mi tiempo, mi creatividad y mis objetivos personales y laborales desde el principio, más allá de la compensación económica, sin dejarme embelesar por el mero hecho de ser una gran marca.

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Sí, a veces soy esa persona que necesita exponer sus inquietudes “públicamente”. Si has llegado hasta aquí, gracias por leer esta entrada en el blog de Marficom, yo soy Marta (@bymartamarin) en el colegio ya me llamaban “defensora de causas perdidas”  y estaría más que encantada de conocer tu opinión y tus relaciones laborales más tóxicas.