[dropcaps]Hace unos días publiqué un tuit dónde comentaba que todo ser humano desde pequeño era educado para cultivar su propia marca personal a medida que iba creciendo. Tuve algunas interacciones por DM y respuestas al propio tuit que me hicieron reflexionar sobre algunas de las reacciones de asistentes a mis charlas o cursos cuestionando esta afirmación.[/dropcaps]
Sí, somos educados para aparentar unas formas que socialmente son aceptadas y nos ayudarán a “progresar” en la vida según unos estándares ya asumidos por una comunidad. Todos tenemos claro qué quiere decir triunfar en la vida y sabemos perfectamente que debemos relacionarnos con éxito con las personas adecuadas en cada momento para lograr nuestro objetivo.
“Vístete con esta ropa para ir a cierto lugar o acto”, “no digas palabrotas”, “los codos no se ponen encima de la mesa”, “esas compañías no te convienen”, “estudia”, “dale un beso”,…
Nuestros padres nos enseñan a comportarnos para ser aceptados por el mayor número de personas posible con esos estándares que hemos hablado anteriormente. A partir de esta base, cada uno de nosotros irá formando un carácter propio y singularizándose. Cuanto más carisma consigamos, más “amigos” vamos a tener. En este punto, no se dista mucho o nada de aquello que queremos hacer con nuestra imagen 2.0.
“Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos.” Chesterton
Frase encontrada en @EliaGuardiola y un resumen perfecto para entender el por qué del éxito en un Influencer o una persona en el mundo offline, algunos lo llaman carisma.
A partir de aquí, todos tenemos una imagen que hemos cultivado sin darnos cuenta, cada uno de nuestros grupos sociales o individuos nos ve de una forma determinada según el comportamiento que hemos tenido en las diferentes experiencias con cada persona en particular o con el colectivo. Aún sin ser conscientes, hemos cuidado esta imagen. Nos han enseñado a ello.
La imagen personal, tiene muchas similitudes con una marca y la tratamos como tal. Tenemos un objetivo, decidimos cómo la vestimos, el comportamiento, el mensaje y la comunidad de la cual queremos pertenecer. Es decir, todos tenemos una marca personal que mimamos para conseguir un objetivo por el que luchamos cada día.
Pero con la imagen 2.0 no pasa lo mismo. A todos nos han puesto una tecnología de la comunicación muy potente en las manos, nadie sabe bien como empezó, entró en nuestras vidas poco a poco y pretenden que la usemos correctamente. Estamos inmersos en un mundo online donde lo socialmente aceptado es mostrar qué hacemos en cada momento, relacionarse con mucha gente y la inmediatez de aquello que queremos.
Quizás deberíamos aprender como lo hacíamos de pequeños, antes de usar los cubiertos para comer había una figura adulta que ya sabía utilizarlos y te explicaba cómo y porque utilizarlos.
Esta exposición o sobreexposición 2.0 de cada persona no tiene por qué ser negativa. Solamente debemos tener consciencia y sentido común para emitir el mensaje que voluntariamente queremos dar. Ya lo hacemos en el offline.
Un buen inicio sería enseñar a los niños qué son y cómo se usan las redes sociales, incluso antes de que ellos tengan el gusanillo de entrar por su cuenta, hacerles ver que nuestro perfil online tiene la misma importancia que la presencial pero con mucha más viralidad. Y si somos adultos también deberíamos ir a cursos para aprender a gestionar y ser conscientes de la importancia de cuidar la marca personal, nadie nace enseñado y esto de las redes sociales nos ha venido de nuevas.
En el 2.0 somos aquello que mostramos ser.

