Hoy vuelvo a hablar de Yu-Yi, ese sentimiento que nos hace mirar con ojos de niño primerizo todo lo que nos rodea.

Hace muy poquito me he atrevido a empezar a tocar la batería, una espinita clavada que tenía hacía ya unos años y nunca me acababa de lanzar o atrever. ¿Para qué me va a servir? ¡Da igual el para qué! La ilusión es suficiente motor para andar y hacer cosas. Estoy viviendo estos primeros días de “””músico””” con el mayor de los yu-yis.

Pero no solo con el ocio debemos tener ilusión, para cualquier aspecto de nuestro trabajo también.

En la comunicación y marketing es un pilar fundamental este sentimiento. Tener una visión limpia y con ilusión es el principio para crear cosas nuevas y atractivas. Ilusionarte por un proyecto es el principio del éxito.

Esa sensación cuando te pones delante de un nuevo reto/cliente y empiezan a brotarte sin freno nuevas ideas alocadas, serenas o atrevidas. Empiezas a escribir una lista interminables de acciones (muchas de ellas sabes que vas a desechar) que sin la ilusión y esa primera mirada de niño sería imposible. No tengas miedo a escribir ideas que quizás te parezcan, de inicio, demasiado “atrevidas”. ¡Escribe!

Si conseguimos mantener esa sensación, sin duda nos comeremos el mundo.

Pero también es cierto que el yu-yi inicial tiene que evolucionar a un periodo de pausa, donde la razón debe imponerse y calibrar cada apunte que hemos escrito frenéticamente en esa primera estación. Es importante no juzgar lo que tú o tus compañeros habéis pensado anteriormente. Toda idea es buena y si ha sido apuntada por algún miembro del equipo, seguro que tiene una o más partes que nos pueden servir para el resultado final.

Por tópico que quede, vida solo hay una y debemos disfrutarla. Sonreír más, ilusionarnos por cualquier cosa y pensar que cada instante es único. ¿Obvio? Quizás, pero veo demasiada gente seria por la calle y eso me hace pensar que algo estamos haciendo mal.