Uno de los muchos aspectos que Internet ha modificado para siempre (y que me atañe de forma directa) es la creación y el consumo de productos audiovisuales. ¿Ha sido un cambio para bien?¿Cómo ha afectado al espectador? ¿Y a los creadores? ¿Ha reaccionado la Industria? Por suerte o por desgracia no tengo todas las respuestas pero aquí van algunas reflexiones sobre el tema.
[blocktext align=”left”]Internet ha cambiado el “Cuándo”, el “Cómo” y el “Qué”[/blocktext]¿Os acordáis de esos momentos de nervios previos a la emisión de una película de estreno o de una nueva entrega de vuestra serie favorita? Sí, cuando teníais que dejarlo TODO, apretar la vejiga y sentaros en el sofá esperando la primera pausa publicitaria para reanudar vuestras labores. ¿Nostalgia? ¡Para nada! Aunque es cierto que el vídeo ya nos dio un pequeño respiro, hoy la Red nos permite recuperar películas, series, programas, etc. Sin el peligro de que se nos acabe la cinta VHS en el momento menos oportuno. Pero los efectos de Internet en el mundo audiovisual van mucho más allá del mejor trato a las vejigas de los telespectadores…

Internet no sólo ha cambiado el “Cuándo” sino también el “Cómo” y el “Qué”. Las miles de nuevas ventanas desde las que poder ver o descargar (de forma más o menos legal) series y películas no han parado de proliferar durante la última década: Ares, Emule, Megaupload, Películas Yonkis, UTorrent, Filmin, Series.ly, Netflix, Yomvi, etc.

Unas ventanas que tienen vistas a “lo que tú quieras”. Ya sea una película que viste hace 5 años y que quieres volver a ver o el capítulo de un serie que hace unas horas se ha emitido en USA o una película que todavía no se ha estrenado en los cines. En otras palabras, un catálogo interminable de contenidos audiovisuales a un solo clic.[blocktext align=”right”]Un catálogo interminable de contenidos audiovisuales a un solo clic[/blocktext]Y con tanto cambio es lógico que el espectador también se haya transformado. El espectador 2.0 (por llamarlo de alguna forma) es mucho más activo que su antecesor, no sólo porque es él quien elige lo que quiere ver y cuándo lo quiere ver, si no porqué, además, su elección está más abierta de lo que lo había estado jamás. Ya no se trata de elegir una película de las 15 que están en cartel, ahora se puede buscar (y casi siempre encontrar) una aguja en un pajar. Y esto, para los que nos gusta el audiovisual, ¡es una auténtica gozada!

Otra característica común a muchos (no todos) de estos nuevos espectadores (me atrevería a decir que se da sobre todo entre los más jóvenes) es el hambre voraz de productos audiovisuales, sin importar el tipo de contenido (sea una superproducción de Hollywood o un vídeo del Rubius) o de la forma (en full HD o grabada con el móvil). Ellos se tragan vídeos porque se lo pide el cuerpo. La magia del cine ya no les impone ningún respeto. Para los nuevos espectadores (o mejor dicho, consumidores de productos audiovisuales) todo sale por la misma pantalla y viene del mismo sitio: Internet.

Así pues, no es de extrañar que todo este proceso haya coincidido con la gran eclosión de las series. Lo que empieza a resultar un poco chocante es que algunos se sigan refiriendo a ellas como series “de televisión”.

Por otro lado, desde el punto de vista de los nuevos creadores de contenidos audiovisuales, y como pasa en casi todas las facetas de la vida, hay dos maneras de afrontar la situación actual:

-La optimista. Gracias a la evolución tecnológica, hoy no hace falta ser rico para contar con un material más que decente para grabar y editar vídeos de una calidad casi profesional. Además gracias a Internet esos proyectos que antes sólo se los podías enseñar a tu abuela ahora si los cuelgas en Youtube (potencialmente) pueden ser vistos por millones de personas en todo el mundo.

-La pesimista. Si tú puedes comprarte una cámara y un ordenador, tu vecino también y si tú puedes colgarlo en Internet, millones de personas en el mundo también. De hecho, y para poner algún dato (que siempre queda bien) en 2012 cada minuto se subieron a Youtube nada menos que 60 horas de vídeo. Así que sí, es cierto que hay bastante competencia… Además, no todo el mundo compite con las mismas armas. Tu vecino, tú y el resto de aspirantes a futuros cineastas deberéis intentar sacar la cabeza entre anuncios de grandes multinacionales, videoclips de divas del pop, trailers de películas, cortometrajes ganadores de Oscars, contenidos televisivos, etc.

Ante todo esto mi recomendación personal para aquellos que quieran dedicarse al audiovisual (si es que a alguien le puede interesar) es que olviden el párrafo anterior y se tiren a la piscina. En el mejor de los casos conseguiréis llamar la atención del sector audiovisual y, en el peor, tendréis una serie de ejemplos para mostrar en futuras entrevistas de trabajo (el día que se acabe la crisis) y habréis disfrutado y aprendido un montón.

También cabe destacar que el nuevo escenario ha influido en el fondo y, sobre todo, en la forma de muchas de las nuevas creaciones audiovisuales producidas durante los últimos años. El ritmo de la narración y los montajes cada vez son más trepidantes, los planos cortos se utilizan con más frecuencia, etc. Hay quién opina que esto responde a la voluntad de los cineastas de adaptarse al espectador 2.0, mucho más disperso y que reproduce los vídeos en pantallas más pequeñas como las de los smartphones o tablets. Otros creen que en realidad, los que ahora empiezan a coger la cámara, son los mismos espectadores 2.0 y el lenguaje que utilizan es el suyo propio.[blocktext align=”left”]Webserie: “serie creada para ser emitidas por Internet”[/blocktext]Otra consecuencia de la suma entre el mundo de la creación audiovisual y la Red ha sido la aparición de un nuevo formato: las webseries. Su definición es tan evidente y tan amplia como “series creadas para ser emitidas por Internet”. Y claro, con una etiqueta tan extensa, nos encontramos que “House of cards”, una superproducción con David Fincher y Kevin Spacey a la cabeza, que Netflix (una especie de Spotify de películas y series) estrenó en 2013 o “lavida.es”, la webserie narrada solo con lenguaje 2.0 que hicimos desde Coses Sèries (la productora a la que pertenezco), entran en el mismo cajón aunque no tengan nada que ver ni en duración, tipo de lenguaje audiovisual ni (sobre todo) en presupuesto.

Capítulo 1 - lavida.es/cagarla

House of cards - Trailer HD

Cabe destacar que España, es un país muy fértil por lo que se refiere a este tipo de series (puede que sea de las pocas cosas en las que todavía lo somos) y, a parte de las más conocidas como “Malviviendo” o “Qué vida más triste”, en los últimos años han surgido algunas webseries que valen mucho la pena.

Por último, una pincelada sobre la industria audiovisual y cómo ha reaccionado con la llegada de Internet. Ya sea por desconocimiento, miedo, desinterés o ineptitud, parece que (en general) en nuestro país las grandes productoras y empresas del sector audiovisual todavía no le han dado a la Red el valor que a mi juicio (y al de muchos otros) merece y, durante mucho tiempo se han limitado a verla sólo como una amenaza. Es cierto que la piratería ha sido y es un problema para la industria del cine pero el inmovilismo seguro que no es la solución.

En definitiva, las salas de cine se vacían y a día de hoy ya pasamos más horas delante del ordenador que del televisor. Es momento de adaptarse o morir. No sé ellos pero yo escojo la primera.

Spot Coses Sèries


[miscellaneous type=”superscript”]*Pau Serracant es Licenciado en Comunicación Audiovisual y con un Master en ficción en Cine y TV, ha trabajado para diferentes programas y series de TV de ámbito nacional y autonómico. Desde hace un año dirige junto a otros dos socios la productora y Agencia de contenidos Coses Sèries.[/miscellaneous]